Suicidio y depresión

Luis Jiménez Treviño, Pilar Alejandra Sáiz Martínez y Julio Bobes García

COMENTARIO EDITORIAL

Prof. Carlos Ballús Pascual

Catedrático de Psiquiatría. Profesor Emérito de la Universidad de Barcelona. Académico de la Reial Academia de Medicina de Catalunya

 

He aquí un tema que a lo largo de los siglos ha seguido despertando interés, a decir verdad un tanto fluctuante según la época, el lugar, los marcos socioculturales, los valores vigentes y las creencias. No en vano cabe decir que el suicidio ha sido una conducta que, en menor o mayor grado, de una o de otra forma, se ha dado prácticamente en todos los pueblos y sociedades, siendo objeto de atención desde muchos ángulos del pensamiento y de la cultura primero y desde planteamientos más orientados científicamente después, a partir del siglo XIX.

Y es que, para el hombre de nuestro mundo sociocultural, para el pensamiento occidental en términos generales, cuanto atañe a la muerte –y el suicidio es un camino que conduce o se acerca a la misma- se vive con cierta perplejidad, cuando no con ansiedades más o menos manifiestas y reconocidas, como si el “qué largo me lo fiáis” subsistiera más o menos reprimido, pero amenazante, en muchos de nosotros. Todo lo cual se cumple con mayor evidencia cuando de una muerte por suicidio se trata, cuando se trata de una forma de muerte con frecuencia inesperada y cuyos determinantes y razones suelen ser objeto de polémica y discusión pero raramente de conocimiento.

En tal sentido, es sabido que el acto suicida, y no digamos la muerte en el acto suicida, constituyen formas de conducta y hechos que suelen ser inaccesibles a la comprensión y al razonamiento para quienes ,desde fuera, los contemplamos y pretendemos analizar sin olvidar que, a su vez y con frecuencia, las verdaderas motivaciones e impulsos desencadenantes son desconocidos también por el propio suicida, víctima en primer y último término de complejos dinamismos emocionales y de desconocidos e incontrolables impulsos.

Que “en el interior del hombre”, de forma más o menos elaborada y programada, se presiente y se decide, a tenor de causas y determinantes más o menos complejos y profundos, la salida y el camino hacia la muerte por suicidio, parece en muchos casos un proceso real y evidente. Desde tal perspectiva nos parece oportuno recordar que, en lo profundo de nuestra personalidad escondemos, como han defendido ciertas teorías psicoanalíticas, el instinto de muerte que explicaría según las mismas el suicidio. Ahora bien, análogamente tampoco podemos olvidar, por un lado, que el ser humano siente también el instinto de conservación y de vida y, por otro lado, siendo el hombre inseparable de sus “circunstancias”, éstas son muy a menudo responsables o corresponsables de las distintas formas de conducta normales o patológicas adoptadas. Desde tal doble perspectiva cabe considerar, como muchos autores han defendido, que el suicida puede ser víctima de sus conflictos emocionales e impulsivos no resueltos y desconocidos en su verdadera significación, así como de la coyuntura socioambiental que le ha tocado vivir, lo que plantea la necesidad y conveniencia de acercarnos a toda conducta suicida dentro del marco de la trayectoria vital del sujeto y de quienes con él han convivido. En breves palabras: el suicidio no es un acto fortuito y tiene sus razones difíciles muchas veces de descubrir.

Dentro de esta encrucijada de causas y determinantes del acto suicida, algunas de las cuales hemos tan sólo esbozado en las anteriores líneas, ha cobrado interés y actualidad en los últimos decenios el tema suicidio y depresión objeto de las páginas que siguen y que el Prof. J. Bobes García, Catedrático de Psiquiatría de la Universidad de Oviedo, y colaboradores desarrollan con amplio conocimiento y objetividad. No tiene que olvidarse que uno de los campos desde los cuales el suicidio ha despertado mayor interés en los últimos decenios ha sido el de la Medicina y en especial la Psiquiatría. No en vano, desgraciadamente, algunas de las enfermedades y trastornos psíquicos que afectan con frecuencia al ser humano presentan entre sus síntomas cierta propensión a tentativas y actos de suicidio. Pueden citarse entre dichas enfermedades la esquizofrenia, el alcoholismo y el abuso de otras sustancias, ciertos trastornos de la personalidad, algunas formas de epilepsia, más raramente algunas conductas reactivas a situaciones de conflicto y la depresión, objeto del estudio que presentamos.

Los autores del mismo nos resuman, en términos claros y concisos y desde una perspectiva científica, las diversas concepciones y teorías que contribuyen a explicar hoy día el suicidio (concepciones sociológicas, psicoanalíticas, patológicas, etc.), los aspectos epidemiológicos del mismo, con especial referencia a nuestro país, según datos del Instituto Nacional de Estadística, los factores de riesgo y los determinantes genéticos, entre otros aspectos. Profundizan, como es obvio en estas páginas, en cuanto hace referencia al binomio suicidio-depresión y a las explicaciones científicas del mismo, así como a los aspectos preventivos, una de las preocupaciones vigentes en todos los países ante la elevada y creciente frecuencia de los estados depresivos, en relación con lo cual subrayan con acierto, entre otras opciones terapéuticas, el positivo empleo de los psicofármacos antidepresivos, capítulo de la farmacología psiquiátrica especialmente desarrollado en los últimos decenios.

Anotaremos, para terminar este anticipo a las páginas que siguen, la Bibliografía con la que se cierra el capítulo, con extensión, actualidad y criterios selectivos a nuestro modo de ver muy acertados.