La percepción del dolor:
Cómo sentimos e influimos en el viejo síntoma
Josep-Eladi Baños Díez
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COMENTARIO EDITORIAL |
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Ramón Bayés Catedrático de Psicología. Profesor Emérito Universidad Autónoma de Barcelona.
En 1996, el prestigioso centro de investigación en bioética, The Hastings Center, de Nueva York, dio culminación a uno de sus proyectos más ambiciosos: un informe sobre los fines de la medicina en función de las características, necesidades y retos de nuestra sociedad actual (www.fundaciongrifols.org). La novedad fundamental del trabajo al que dio lugar radica en la afirmación de que los objetivos de la medicina del siglo XXI deben ir más allá de la curación de la enfermedad y el alargamiento de la vida, y han de poner un énfasis especial en aspectos tales como la prevención de las enfermedades, y la paliación del dolor y el sufrimiento. En consonancia con estas pautas, el artículo de Josep-Eladi Baños que presentamos, nos ofrece una interesante visión panorámica sobre los conocimientos y modelos que, a lo largo de la historia y hasta el momento presente, han constituido los sucesivos avances de información y marcos conceptuales dentro de los que ha ido configurando su realidad este síntoma universal que es el dolor. Como nos señala el Dr. Baños, aunque a través de los siglos, y especialmente en los últimos años, mucho hemos aprendido sobre él, todavía nos queda un largo camino por recorrer: “Poco a poco conocemos cómo se genera el dolor físico, cómo se transmite y en la última década tenemos cada vez más pistas de cómo se perpetúa hasta convertirse de síntoma de enfermedad, de mecanismo protector, en amenaza para la vida”. Aun cuando las aportaciones de Wall, de Melzack, de Damasio, de Loeser, y de tantos otros, nos ayuden a entenderlo, son muchas todavía sus facetas insuficientemente comprendidas y numerosas las preguntas que quedan aún por contestar. Personalmente, considero significativo que la International Association for the Study of Pain (IASP) haya dedicado el volumen 34 de su interesante colección Progress in Pain Research and Management (2005) al tema “Narrative, pain and suffering”. En efecto, como señala el Informe Hastings -y nos recuerda Baños- “La amenaza que representa para alguien padecer dolores, enfermedades o lesiones puede ser tan profunda que llegue a igualar los efectos reales que éstos tendrían sobre su cuerpo”. El lenguaje y sus significados cobran, en el caso del dolor, una importancia que cada vez adquiere mayor resonancia, tanto en la clínica como en la formación que se imparte en las facultades de Medicina y de Psicología, y en las Escuelas Universitarias de Enfermería. Dolor y sufrimiento no son sinónimos, aunque en nuestra medicalizada sociedad suelan utilizarse como tales. Con el término “dolor” nos referimos a una aflicción somática aguda que puede manifestarse de muchas formas; en cambio, el sufrimiento constituye un estado psicológico que se caracteriza por sensaciones de miedo o ansiedad. Se puede tener dolor sin sufrimiento, como en el parto normal de un hijo deseado, y sufrir intensamente sin dolor, al perder a un ser querido. Evidentemente también el dolor, o la expectativa de dolor, puede ser origen de sufrimiento. Aliviar el dolor y paliar el sufrimiento constituyen obligaciones gemelas de las profesiones sanitarias. Podemos, idealmente, imaginar un hospital sin dolor, pero es impensable un hospital sin sufrimiento. El artículo que hoy se presenta, bajo su aparente claridad y sencillez, esconde la complejidad de un fenómeno universal y difícil en el que el autor es experto y al que, debido, probablemente, a su excelente formación académica e investigadora y a sus dotes de buen divulgador, nos ayuda a acceder. Finalmente, queremos recordar que, como profesionales, -tal como señala Cassell- nunca debemos olvidar que los que padecen dolor y sufren no son los cuerpos sino las personas. |