Medicina 2.0
Reflexiones sobre una patología de la sociedad de la información
Rafael Capurro
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COMENTARIO EDITORIAL |
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Pere Puigdomènech Profesor de Investigación del CSIC. Director del Centre de Recerca en Agrigenòmica, CSIC-IRTA-UAB. Barcelona. A estas alturas del siglo XXI ya nadie debe dudar de que Internet esté revolucionando aspectos muy diversos de la vida de una parte creciente de nuestras sociedades. Ya se ha dicho que la enorme cantidad de información que existe en la red plantea problemas de privacidad, de acceso a fuentes de información, de división entre los que pueden acceder a Internet y los que no, y también de cómo puede un individuo distinguir entre la enorme cantidad de información las fuentes creíbles, lo que se ha denominado “sobrecarga informativa”. Pero está claro que las tecnologías digitales no se reducen a Internet, sino que abarcan un número creciente de técnicas que digitalizan, transportan y almacenan los datos incluso de la imagen corporal, de manera que llegan a producir un “cuerpo digital” en sentido propio, que puede llegar a tener una existencia independiente de la existencia del cuerpo orgánico con el que estamos acostumbrados a identificarnos al menos hasta ahora. El desarrollo acelerado de las tecnologías informáticas y de comunicación (TIC) afecta a nuestras vidas y la medicina no podía quedar al margen; de hecho puede ser una de las actividades que más estén sintiendo el peso de las transformaciones sociales ligadas a ellas. Rafael Capurro identifica en su artículo algunas de las cuestiones básicas que plantea el uso de Internet en temas médicos y que ya está afectando a la misma relación entre médico y paciente, aparte de plantear la necesidad de que los usuarios puedan distinguir las bases de datos con información contrastada en el universo de centenares de sitios con información médica o pretendidamente médica que se ofrece al navegante. Pero el artículo va más allá y se plantea poner las discusiones relativas al uso de las TIC en medicina en el marco de una reflexión filosófica y antropológica que permita analizar el desarrollo de las aplicaciones médicas de las tecnologías de la información en la actualidad y en el futuro. Y lo hace teniendo en cuenta además las reflexiones sobre las transformaciones que las ciencias biológicas están produciendo en relación con nuestra visión del cuerpo humano, de cómo éste entra en relación con el mundo y en particular con el mundo tecnológico que se desarrolla y en las patologías que estas transformaciones acaban produciendo. Un aspecto interesante que se plantea en este momento es poner esta reflexión de un tema eminentemente actual a la luz de las teorías filosóficas clásicas y modernas. La filosofía se ha venido planteando clásicamente la relación entre el ser humano y su entorno o entre mente y cuerpo, y estas relaciones están siendo profundamente alteradas por las nuevas tecnologías. Incluso la misma definición de patología, en un mundo en el que la medicina preventiva y predictiva abre unas perspectivas insospechadas necesita una enunciación adaptada. El considerar la enorme riqueza de la reflexión filosófica de los últimos 2.500 años ofrece una interesante perspectiva que puede ser útil a la hora de pensar en escenarios de futuro en un tema de una gran complejidad pero que puede ser crucial para la medicina que se prepara. Finalmente está claro que la pregunta que nos hacemos es cómo utilizar estas tecnologías de la mejor manera posible y esto nos remite a una reflexión ética acerca del uso de las nuevas tecnologías informáticas y de la telecomunicación en medicina. Ésta debe tener en cuenta principios éticos esenciales que las sociedades occidentales han ido identificando y que están explicitados en documentos como la Carta de Derechos Humanos que ha sido incorporada a los textos fundamentales de la Unión Europea como es el Tratado de Lisboa. Estos principios incluyen el respeto a la dignidad humana, a la autonomía del individuo, a la privacidad o a la libertad de investigación. Pero en Europa defendemos también principios básicos de la práctica médica como el de beneficencia, el de justicia distributiva o el del acceso a la información que tienen consecuencias importantes como son el consentimiento informado en la práctica y la investigación médica o el proporcionar una asistencia médica básica general para todos los individuos. Todo esto está siendo modificado por la aplicación masiva de las TIC en medicina. En particular, estas tecnologías nos sumergen en la globalización de una forma radical y ésta implica que tengamos en cuenta que muchas prácticas médicas son vistas de forma distinta en diferentes culturas. El artículo de Rafael Capurro nos plantea elementos para la reflexión desde perspectivas filosóficas y antropológicas de las aplicaciones de las tecnologías de la informática y las telecomunicaciones en medicina que, muy probablemente, serán nuevas para algunos lectores. Cada día en la práctica médica los profesionales se están encontrando con pacientes que han navegado por Internet a la búsqueda de información sobre alguna enfermedad específica que creen padecer. Con frecuencia se plantean casos sobre cómo interpretar datos de técnicas digitales de imagen o de pruebas genéticas que tienen que contrastarse con bases de datos y guardarse. De forma creciente se plantean consultas e incluso tratamientos quirúrgicos por vía electrónica. Todo ello nos lleva a un mundo en el que debemos ir a las raíces mismas de las soluciones que deseamos proponer. Una reflexión de este tipo es sin duda necesaria. |