Globalización y acceso a medicamentos en países de escasos recursos

Marta Darder

RESUMEN

Desde finales de los noventa, los efectos de la globalización sobre los precios de los medicamentos y sobre la inversión en investigación y desarrollo de nuevos productos de interés farmacéutico ha acaparado la atención en el debate sobre acceso a fármacos en los países más pobres. La crisis global del sida hizo saltar el tema al dominio público al afectar de manera profundamente desigual a países ricos y pobres. Mientras la mayoría de las personas que viven con el VIH en el mundo habitan en África, la terapia antirretroviral sólo estaba disponible entonces para los habitantes de países desarrollados. Su elevado precio la ponía fuera del alcance de los países más afectados. La amenaza para la vida que supone la infección por el VIH convirtió la lucha por el acceso global a terapia antirretroviral en una cuestión de derechos humanos.

Tras diez años de activismo para promover el acceso global a los antirretrovirales se estima que hoy hay en el mundo unos cuatro millones de personas siguiendo la terapia, la mayoría en países altamente afectados. El coste por paciente ha bajado desde más de 10.000 dólares anuales hasta 89. El primer responsable de la caída de los precios fue la presencia competitiva de genéricos en el mercado internacional de antirretrovirales. La presencia o no de versiones genéricas en el mercado está asociada a la existencia de patentes. Los criterios de patentabilidad y las condiciones de las patentes se han endurecido desde la adopción de los acuerdos ADPIC por parte de la Organización Mundial del Comercio (1995). Mediante los acuerdos ADPIC se exige a todos los Estados miembro que consideren los medicamentos como meros productos tecnológicos, sujetos a las mismas reglas de patentabilidad que cualquier otro. El efecto inmediato de la aplicación de los ADPIC en el terreno farmacéutico es la limitación de las posibilidades de un Estado de atraer a su mercado versiones genéricas de un medicamento esencial, más baratas que el producto original. En el año 2001, la Declaración de Doha sobre los acuerdos ADPIC y salud pública supuso un avance importante en el reconocimiento de la necesidad de anteponer cuestiones sanitarias graves a otras comerciales. La Declaración aclaraba también las condiciones de aplicabilidad de las excepciones reconocidas en los ADPIC como licencias obligatorias. Aún así, tuvieron que pasar cinco o seis años más para que países de economías medias como Tailandia y Brasil otorgaran las primeras licencias obligatorias sobre fármacos esenciales, resistiendo a la presión comercial y consiguiendo reducciones importantes de precio.

Aunque el alcance de los ADPIC sobre acceso a fármacos no está claro aún, dichos acuerdos han contribuido a consolidar una degeneración del concepto del derecho a la propiedad intelectual. El sistema de patentes, al crearse para incentivar la investigación y el desarrollo de nuevos productos, fue concebido como una política de protección pública para el bien de la sociedad. Con los ADPIC las patentes se convertían en un instrumento al servicio de intereses comerciales globales.

El problema del acceso a fármacos va, obviamente, mucho más allá del caso del sida. A la malaria, la tuberculosis resistente, la tripanosomiasis, la enfermedad de Chagas, la leishmaniasis, incluso al sida pediátrico, se les ha venido a llamar enfermedades olvidadas. Son enfermedades que causan mortalidad y morbilidad altísimas en zonas tropicales y subtropicales del planeta. Sin embargo, la inversión en desarrollo de nuevos métodos para su diagnostico, tratamiento y prevención es y ha sido insignificante sencillamente porque falta incentivo de mercado para recuperar la inversión. Así, sólo 10 de los 1.393 nuevos productos que llegaron al mercado entre 1975 y 1999 eran de interés para tratar enfermedades tropicales. Tres más tenían utilidad para tratar la tuberculosis.

El problema de la falta de acceso a medicamentos esenciales de momento se ha ido aproximando mediante la creación de soluciones puntuales en contextos concretos, que sin duda han servido para introducir ciertas mejoras. La movilización ciudadana ha sido sin duda el motor principal, provocando reacciones desde la defensa de los derechos humanos y constitucionales, desde la ayuda humanitaria, desde la defensa del consumidor o desde el estudio de los efectos adversos de la globalización.

No obstante, urge la creación de alternativas innovadoras para responder al fallo del sistema global imperante para los países pobres. Se trabaja actualmente en fomentar que la traducción de los acuerdos ADPIC a las legislaciones nacionales sobre patentes otorgue a la oficina de patentes nacional el mayor grado de flexibilidad posible al abordar temas de interés para la salud pública, como limitar las condiciones de patentabilidad o promover la oposición a patentes. Se estimula también el uso rutinario de licencias obligatorias y la creación de patentes mancomunadas.

Paralelamente la Asamblea Mundial de la Salud busca ya propuestas para incentivar la investigación y desarrollo de nuevos fármacos siguiendo criterios de salud pública, reconociendo que la clave reside en desvincular la inversión en I+D del precio final del producto. Se trabaja, pues, desde iniciativas sin ánimo de lucro, como la Iniciativa Medicamentos para Enfermedades Olvidadas, desde la creación de premios a la investigación en estos temas y otros. Existe una propuesta de desarrollar un tratado internacional sobre investigación y desarrollo que cambie fundamentalmente la forma de funcionar del mercado farmacéutico.

En cualquiera de estas áreas, aún queda mucho trabajo por hacer para alcanzar un sistema nuevo que deje de fallar a los más pobres.