La salud en el supermercado de la información

Vladimir de Semir y Gemma Revuelta

COMENTARIO EDITORIAL

Prof. Dr. Francisco Ferrer Ruscalleda

"Escrita la carta, mensajero nunca falta". Como la mayoría de los refranes, éste no está exento de verdad, aunque a mi juicio exige algunos matices. Y especialmente en la era de la información, en la que la presencia de los medios de comunicación de masas ha entrado a formar parte de la vida de los ciudadanos.

Prensa escrita, radio, televisión, Internet y los mensajes a los teléfonos móviles no sólo nos acercan, sino que nos introducen, sin pedirnos permiso, en el mundo que quieren recrear a partir de los hechos, de la realidades, de los avances científicos -también en temas de salud- que se van produciendo en el vasto mundo conocido. Los investigadores y los científicos descubren hallazgos y consiguen avances -centrémonos aquí en los temas de salud- que normalmente hacen públicos mediante comunicaciones en los foros científicos y académicos. Digamos que han "escrito la carta"; pero ese "mensajero que nunca falta" para hacerla llegar a toda la población, ¿cómo entiende la información?, ¿cómo quiere comunicarla?, ¿qué cobertura periodística le destina?, ¿cuántos factores considerará antes de decidir su difusión?

El documentado artículo que se publica en esta edición relaciona dos grandes fenómenos sociales, presentes en todos los países desarrollados, que reúnen dos temas que atraen masivamente al ciudadano: ansias de información -podríamos decir que en todas sus materias- e interés por la salud, entendiendo por ello todos los avances de la medicina para solucionar dolencias y alejar la vejez y la muerte. ¿Podríamos encontrar un maridaje más normal en la era del conocimiento y del bienestar?

Pero el rigor de los autores, consecuencia lógica de su indudable prestigio profesional, podría considerarse contaminado de frivolidad al situar el entorno de su investigación en un escenario que califican de supermercado. Nada más lejos de la verdad, ya que para mí su enunciado es absolutamente válido porque es fiel reflejo de la cotidianeidad reiterada de nuestro mundo. Este valiente título, que no presupone ninguna consideración peyorativa para estos establecimientos comerciales bien arraigados entre nosotros, ya nos debe preparar para las acertadas reflexiones que de los estudios de las noticias sobre temas sanitarios y de salud que tienen presencia en los medios de comunicación exponen los autores en sus comentarios.

El principal reto del periodista es reconocer la información auténticamente novedosa sobre salud que forma parte del apabullante alud de publicaciones científicas en la actualidad. El número y la calidad de los artículos en publicaciones científicas y las comunicaciones en Internet pueden compararse ciertamente a un supermercado con ofertas múltiples y calidades muy diferenciadas que, procedente de fuentes científicas, se encuentra a disposición. Pero la investigación rigurosa y los avances trascendentes en medicina y salud sólo protagonizan un porcentaje reducido y muy selecto de todas la publicaciones disponibles. No en vano el Banco Mundial, la OMS y departamentos de la ONU conocen que el ratio de publicaciones por millón de población (PPMP) es un factor ligado al nivel de desarrollo de un pais, y que va aumentando en todos los continentes menos en África.

Los medios dirigidos al gran público pueden convertir una información médica potencialmente relevante en un tema de alarma social incontrolable, a pesar de que los indicios científicos no se hayan confirmado. Aunque “la prensa no es la opinión pública” (Bismarck, 1862), a nadie se le escapa el impacto mediático de la encefalitis espongiforme bovina (enfermedad de las vacas locas) o la más reciente de la gripe aviar, que provocaron cambios en los hábitos de alimentación de la población, con repercusiones económicas de peso en los sectores productores afectados.

Si las fuentes de información no son espontáneas (políticos y gobernantes, medios académicos y sanitarios, industriales y económicos, asociaciones cívicas), los autores propugnan la necesidad de mejorar el espíritu crítico del ciudadano respecto a los medios de comunicación. Será preciso aprender a discernir cómo dar credibilidad a todo lo que se publicita en Internet; lo científico debería privar sobre las aportaciones testimoniales en temas de salud. Los autores auguran cambios en la hegemonía de la TV, la radio o los periódicos como vía preferida por el ciudadano para mejorar su conocimiento sobre medicina y salud. En esta línea anuncian retos para explorar nuevas estrategias de comunicación e información científica al ciudadano, cada vez más formado en temas de salud desde las escuelas, abriendo posibilidades a museos científicos que, aunque minoritarios, no dejan de tener una creciente aceptación social. La alta valoración social de los temas de medicina y salud lleva a los autores, finalmente, a la seguridad de que mejorará el conocimiento de la población y la calidad de la información sobre salud en el amplio mundo de la información.