El mundo ante la escasez de los alimentos
Francesc Reguant Fosas
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RESUMEN |
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En el siglo XXI, a pesar de la senda positiva de los últimos cincuenta años, el proveimiento alimentario a toda la población mundial es todavía un asunto no resuelto. A su vez, la crisis reciente de precios ha desestabilizado los mercados alimentarios de tal manera que la humanidad en pocos meses ha dado importantes pasos atrás en cuanto a población desnutrida, con riesgos evidentes de desestabilización social y política. Las causas de esta nueva situación son múltiples, complejas e interrelacionadas; entre ellas hay que considerar, por una parte, factores estructurales y de fondo que configuran un nuevo escenario mundial, tensionando la oferta y demanda de alimentos y, por otra, factores de carácter coyuntural pero con una gran capacidad desequilibradora. El nuevo escenario se caracteriza por la acción de tres vectores. En primer lugar, el incremento acelerado de la demanda de materias primas y alimentos básicos a partir del aumento de la población y del fuerte desarrollo que experimentan los llamados países emergentes (China; India, Rusia, Brasil, Sudeste Asiático). En segundo lugar, las tensiones derivadas del factor energía ante una demanda multiplicada de combustibles fósiles y una oferta que ya divisa su agotamiento progresivo, que se traducirá en una tendencia hacia unos precios más elevados. En este contexto, la producción de biocarburantes asimila la producción de alimentos con la producción energética, identificando las tendencias de precios de ambos. En tercer lugar, el cambio climático como factor de fondo y a largo plazo pero que ya incide actualmente en la acentuación de las tensiones. Se ha discutido ampliamente, desde posiciones extremas y muy controvertidas, sobre el papel de los biocarburantes en esta crisis. El papel de éstos no es tanto su mayor o menor valor causal sobre el porcentaje de incremento de precios, sino el de haber sido el detonante de tal explosión de precios. Los biocarburantes, apoyados por una generosa política de subvenciones y defendida su demanda desde programas a largo plazo, establecidos por norma legal en los más importantes países del mundo, han llamado y abierto la puerta a los movimientos especulativos de tipo financiero, en un primer momento, pero con consecuencias agudas en los mercados reales y en el abastecimiento alimentario. El impacto de los acontecimientos recientes puede, sin embargo, haber desviado nuestra atención del verdadero problema de fondo que subyace tras el tema de la desnutrición, que no es otro que el desarrollo económico. Hoy por hoy el mundo tiene capacidad para alimentar a su población creciente, aunque para ello deberán realizarse importantes actuaciones, particularmente en infraestructuras productivas y especialmente las que optimicen el uso del agua como materia prima de la agricultura. La tecnología está llamada a jugar el papel decisivo para afrontar el reto del desarrollo económico y del abastecimiento alimentario. En esta dirección, tanto la revolución biotecnológica, como la derivada de los progresos en las tecnologías de la información y la comunicación, aportan nuevas potencialidades añadidas. No obstante, las fragilidades de los mercados alimentarios y los riesgos asociados a las nuevas tecnologías requieren la asunción por parte de la comunidad internacional de medidas de regulación de los mercados y de control y garantía de la seguridad en la utilización de las nuevas tecnologías. El siglo XXI no será solamente el siglo de la culminación de los procesos iniciados en el siglo anterior, sino el generador de nuevas vías imprescindibles para afrontar los decisivos retos en los campos de la energía, de la alimentación y del cambio climático. El futuro de la humanidad depende de la capacidad de ésta para actuar concertadamente en el camino de las soluciones sostenibles. |