La medicina individiualizada: la farmacogenómica en cáncer
Jesús García-Foncillas y Eva Bandrés
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COMENTARIO EDITORIAL |
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Pere Gascón Jefe de Servicio de Oncología Médica. Instituto Clínico de Enfermedades Hemato-Oncológicas (ICMHO). Hospital Clínic. Barcelona.
El Dr. Jesús García-Foncillas y la Dra. Eva Bandrés nos presentan en su artículo La medicina individiualizada: la farmacogenómica en cáncer un mundo fascinante que tan sólo hace 10 años nos hubiera parecido pura ciencia ficción. Si bien es cierto que la ciencia va evolucionando a su ritmo y que, por más que queramos, los descubrimientos, los grandes hallazgos, ocurren a saltos y sin previo aviso, no por ello lo alcanzado hasta ahora deja de sorprendernos y, lo que es más importante sigue sorprendiéndonos. Desde el descubrimiento de la doble hélice del ADN a la secuenciación del genoma humano, a la medicina individualizada y a los fármacos de diseño han pasado cincuenta años. Nunca en la historia de la ciencia moderna se había avanzado tan rápidamente. Tal como comentan los autores, los genes no han evolucionado mucho a lo largo de la evolución y así, estudiando genes de organismos muy poco desarrollados como por ejemplo los de la mosca del vinagre, la Drosophila melanogaster, o los del gusano Caenorabditis elegans, podemos identificar genes importantísimos que tienen su equivalente en el ser humano y con ello dar un paso de gigante en biomedicina: identificar el gen de la longevidad, el gen de la memoria, el gen de la reparación tisular, los genes origen de una extremidad, y así otros. Estamos pues frente a una revolución del conocimiento que justo acaba de empezar. Hay un hecho a tener en cuenta: la investigación, los avances en los conocimientos se suceden a todos los niveles. Al igual que se avanza en biomedicina, se avanza en sistemas electrónicos-cibernéticos y se avanza en física. Con ello quiero decir que la gran cantidad de información que se genera cada día a escala mundial sería imposible de analizar, de ordenar, de no disponer de las actuales herramientas informáticas con su casi infinita capacidad de memoria. Un buen ejemplo de ello son los microarray, una pequeña superficie del tamaño de la pantalla de un teléfono móvil que puede albergar 5.000-10.000 genes pegados cada uno a una celdilla. Los miles de genes de un tumor se aparearán con de la celdilla si se reconocen. El resultado es una foto con miles de puntos rojos y verdes. El ordenador nos dirá qué genes están muy representados/expresados en un tumor, poco representados o no representados. La información que nos proporcionará el ordenador será la firma genética de un tumor en particular. Así podremos comparar tumores con tumores y con sus tejidos sanos colindantes en la anatomía humana. Un ejemplo de su gran poder informativo y que nos dará una foto de cuál va a ser el fututo del cáncer desde el punto de vista genómico lo tenemos en el cáncer de mama. Imaginemos que tenemos 4 biopsias de 4 pacientes con cáncer de mama. Cien patólogos las miran al microscopio y deciden por amplia mayoría que los 4 tumores son muy parecidos. Los oncólogos los trataríamos, pues, de forma parecida. Sin embargo, las firmas genéticas de las 4 biopsias de los 4 cánceres nos indican que los 4 son distintos genéticamente: uno tiene muy buen pronóstico y por tanto posiblemente no sería necesario establecer tratamiento quimioterápico; otro tiene un pronóstico menos favorable, un tercero todavía menos favorable y un cuarto un pronóstico totalmente desfavorable, y en él posiblemente deberemos aconsejar algún tipo de tratamiento experimental. Esta revolución en medicina gracias a la genómica y a los nuevos ordenadores nos permitirá una nueva clasificación de los tumores, una mejor selección de nuestros pacientes y la elección de los fármacos más adecuados para cada uno de ellos. Más de veinticinco años de investigaciones en biología molecular, desde el descubrimiento del primer oncogén a la actualidad, han permitido identificar moléculas en la célula cancerosa asociadas al proceso tumoral. Esto ha permitido al mundo académico y a la industria farmacéutica generar una cantidad enorme de nuevos fármacos diseñados contra estas nuevas moléculas. Este es el fundamento de la llamada terapia anti-diana o de tratamientos a la carta. Ya en el momento actual y más en el futuro, diseñaremos tratamientos en función de qué molécula aberrante posee esta o aquella célula cancerosa. Con ello conseguiremos no ya tratamientos a la carta sino -y esta es la esperanza- tratamientos más efectivos y menos tóxicos. También, y gracias a los polimorfismos humanos (SNPs), podremos identificar qué paciente responderá o no a un fármaco en particular. Con ello conseguiremos identificar a quienes responden a un determinado fármaco y a los que no, y con ello evitaremos toxicidades innecesarias y pérdidas de tiempo cruciales, a la vez que ahorraremos recursos económicos por cuanto haremos un uso racional de los fármacos. Vivimos tiempos apasionantes, como se extrae del artículo de García-Foncillas y Bandrés. Vivimos una verdadera revolución tecnológica y conceptual. La presión social y la de nuestros pacientes es tal que los grandes avances científicos muchas veces quedan diluidos por el hecho de que todavía no curamos ciertos o muchos tipos de cáncer. Si bien esto es en cierta manera correcto, el avance en los tratamientos y en las respuestas ha sido espectacular en los últimos años. Lo que sí podemos anunciar es que la medicina personalizada es ya un hecho.
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