El poder terapéutico de la escucha en medicina crítica

Clara Llubià Maristany

COMENTARIO EDITORIAL

Ramón Bayés

Profesor Emérito Universitat Autònoma de Barcelona.

 

Las unidades de cuidados críticos constituyen, desde muchos puntos de vista, un brillante escaparate de la medicina moderna: un lugar donde la tecnología y la eficacia predominan sobre la relación personal. Sin embargo, el paciente crítico consciente, al margen de la gravedad de la dolencia que haya motivado su ingreso, presenta con frecuencia: sentimientos de ansiedad, miedo o preocupación; soledad e indefensión; dependencia de personas extrañas a menudo mucho más jóvenes que él; y aislamiento de los familiares y personas afectivas. En algunas ocasiones, además, evoluciona hacia lo que se suele denominar fracaso terapéutico, sea porque fallece, porque sobrevive con graves secuelas, o bien porque su ingreso sólo sirve para demorar el momento de la muerte -y, posiblemente, prolongar e incluso acrecentar su sufrimiento y el de sus familiares- en lo que se ha calificado como encarnizamiento terapéutico.

Con respecto tanto a la magnitud y atención al ámbito del sufrimiento como a la trascendencia y urgencia de las difíciles decisiones que deben tomarse con frecuencia en las unidades de cuidados críticos, es oportuno señalar el equilibrio y profundidad que muestra el camino pionero abierto en España por Gómez Rubí, fallecido en 2003, doblemente útil por el acercamiento que ofrece como experto intensivista por una parte y, por otra, como enfermo de la misma unidad de cuidados críticos que ayudó a crear. El trabajo que presenta Clara Llubiá Maristany en las siguientes páginas es, sin duda, fiel continuador de este camino.

El artículo de la Dra. Llubià, con dilatada experiencia en la unidad de cuidados críticos de un gran hospital universitario de Cataluña y con una exquisita sensibilidad, sigue en el tiempo a la aparición de un importante artículo de Lauttrete y colaboradores, publicado en 2007 en The New England Journal of Medicine, ampliamente referenciado en su texto. Personalmente, me gustaría destacar que, en el mismo número de la revista americana, aparece un comentario de fondo de Lilly y Daly, con un título que, a mi juicio, puede ser calificado de provocador, paradigmático y revolucionario en la literatura científica: “El poder curador de escuchar en la UCI”.

Si hemos de ser fieles a los postulados de la denominada medicina basada en la evidencia, el trabajo de Lauttrete y colaboradores debería suponer un cambio radical en algunos aspectos de la práctica clínica de las unidades de críticos. En efecto, si lo que promueve la medicina basada en la evidencia es la necesidad del uso generalizado, en cada momento, de las mejores intervenciones disponibles, es decir de aquellas cuya bondad haya sido demostrada a través de la metodología científica más rigurosa, la investigación de Lauttrete y colaboradores presenta el dato, obtenido a través de un ensayo clínico aleatorizado, de que suscitar preguntas y escuchar activamente es capaz de disminuir de forma significativa el impacto emocional y las tendencias ansiosas y depresivas de los familiares de las personas ingresadas en la UCI a los que se comunica que el enfermo ya no responde al tratamiento que se le está aplicando. En síntesis, el trabajo al que nos referimos demuestra que un protocolo normalizado de escucha activa y diez minutos extras de interacción adecuada entre los profesionales de la UCI y los familiares, son capaces de aliviar el sufrimiento de estas personas. Nos preguntamos: ¿cuanto tardará esta evidencia – que es la metodológicamente más sólida de las que se dispone en este momento - en ser incorporada a la práctica clínica diaria de todas las unidades de críticos?.

El trabajo de Clara Llubià Maristany merecería y debería ser leído no sólo por los pofesionales sanitarios que desempeñan su difícil, compleja y meritoria labor en esta punta de lanza que son las unidades de críticos de nuestros hospitales, sino también por sus gestores, los cuales pueden sin duda, en buena medida, vehicular, facilitar o dificultar, la importante labor de los profesionales, proporcionándoles el tiempo y los medios – formación, si fuera precisa, en habilidades de comunicación - necesarios para ello.