Dilemas éticos en la investigación biomédica
Jesús Mosterín
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COMENTARIO EDITORIAL |
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Pere Gascón Vilaplana Jefe del Servicio de Oncología Médica y coordinador científico del Instituto Clínico de Enfermedades Hemato-Oncológicas (ICMHO) del Hospital Clìnic de Barcelona.
El artículo del
Prof. Jesús Mosterín titulado “Dilemas éticos en la investigación biomédica”
llega en un momento muy oportuno, ya que un análisis desde el punto de vista
de la ética por lo que respecta a la polémica social del tema es, no ya
sumamente importante, sino también necesario. Análisis como éste son
necesarios para una sociedad con valores y prioridades cada vez más
confusos, una sociedad cada día más frívola y desinteresada por los
problemas que él discute. Nos habla de situaciones que no se pueden ignorar
y que requieren la adopción de soluciones, porque ya afectan a la sociedad
en la actualidad y más la afectarán en el futuro. El siglo XX registró una serie de sucesos relacionados con la investigación biomédica que condujo a la declaración de Helsinki de los derechos humanos. Sucesos como el experimento sobre sífilis desarrollado en Tuskegee (Alabama, USA) que empezó en el 1932 y se denunció en 1972 en el que a un grupo de personas de raza negra analfabetos se les impidió el acceso, cuando se tuvo, a la penicilina para observar el curso clínico de la enfermedad; las atrocidades médicas realizadas por los nazis; los abusos en el Instituto Psiquiátrico de Nueva York en enfermos mentales llevaron a la sociedad a crear comités de ética e instituciones para velar por los derechos de los seres humanos. En el presente artículo, el Prof. Mosterín va más allá y discute también, entre otros temas, un aspecto de amplio debate social, el de los derechos de los seres vivos, el derecho de los animales. Con una visión crítica y la exposición clara y didáctica que le caracteriza, el Prof. Mosterín inicia su análisis con una introducción en la que describe el concepto de lo ético y de lo moral. La ética como la teoría de la moral. Define desde un principio el territorio de su discurso y, para que nadie confunda ni términos ni conceptos, pone sobre el tapete una serie de afirmaciones que acostumbran a estar contaminadas en el gran tejido social. Así afirma que “la ética es incompatible con cualquier forma de grupismo (fanatismo religioso, nacionalismo excluyente, racismo, sexismo, etc.) o que la tradición tiene un valor nulo como justificación ética de nada. En aras de la tradición se han llevado a cabo y se pueden practicar hechos abominables. Según el Prof. Mosterín, prácticamente todos los aspectos de la ética que se relaciona con el ser humano, dígase seres vivos, sería bioética. Una vez hecha la introducción, en la que el autor expone y describe las claves de su discurso para asegurarse que el lector le entenderá a lo largo de su artículo, divide su reflexión en una serie de situaciones reales que han suscitado y continúan suscitando controversia. Analiza el tema de la clonación, de los cultivos transgénicos, de la investigación con animales no humanos. El autor continúa su recorrido analizando dilemas de la investigación biomédica, haciendo un estudio extenso sobre la vivisección, con toda su trascendencia histórica, y sobre la investigación en primates para acabar con un análisis y reflexión acerca de las investigaciones neurológicas practicadas sobre cerebros humanos vivos. En definitiva, el Prof. Mosterín presenta una visión de la investigación biomédica con todos los matices y problemas que suscita. Se trata de problemas de primera magnitud, a los que ya nos enfrentamos y seguiremos enfrentándonos mientras exista progreso y evolución humanas. El autor adopta durante todo su artículo una actitud valiente, clara y desmitificadora. Se muestra muy riguroso en la identificación de contaminaciones en el léxico, en las evaluaciones, en los análisis de situaciones sociales, en el mezclar la ideología con la ciencia y la ética con las conductas humanas. Al acabar la lectura, uno piensa que ha estado tan sólo en el preámbulo y que la reflexión debería continuar por ser tanta la necesidad y tantos los temas. Uno hubiera querido que su discurso no acabara, que hubiera proseguido analizando muchos otros problemas sociales que están originando un grado de confusión indeseable en nuestra sociedad como son los de la sedación, la eutanasia o las células madre, por citar tan sólo unos cuantos que provocan mucho ruido mediático. Quizá se nos ha hecho corto por estar sedientos de este tipo de análisis que aportan luz, entendimiento y nos brindan unas herramientas muy poderosas con las que poder superar tanta confusión. La lectura del artículo es refrescante, crítica y clarificadora. La función y la implicación del intelectual en la sociedad actual es cada vez más necesaria y la proyección que pueden tener bioeticistas en nuestras instituciones va a ser cada día más necesaria para paliar la precariedad en la escala de valores y prioridades que sufren nuestras instituciones y todo el conglomerado social. Es en esta sociedad, que parece que haya perdido el norte, donde las aportaciones de filósofos, lógicos y eticistas como las del Prof. Mosterín no son ya importantes para avisarnos de la contaminación conceptual que vivimos, sino que son extremadamente necesarias para que con su lucidez nos ayuden a tomar decisiones más meditadas y contribuyan a la construcción de un mundo que no sea temeroso del progreso ni prisionero de falsas morales inventadas e impuestas a un sustrato llamado ignorancia. |