¿Hay suficientes profesionales sanitarios en España?

Desequilibrios, déficits, movilidad internacional y acreditación de los médicos

Patricia Barber Pérez y Beatriz González López-Valcárcel

COMENTARIO EDITORIAL

Jaume Puig-Junoy

Departamento de Economía y Empresa y Centro de Investigación en Economía y Salud (CRES) de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). Barcelona.

 

La conocida insuficiencia de médicos en nuestro país es un problema del sistema sanitario que ha venido para quedarse; no es resultado de una coyuntura particular del corto plazo, sino que es resultado de la insuficiencia en la visión de futuro de la planificación y de la omisión de acciones anteriores por parte de múltiples agentes de nuestro sistema sanitario. Aunque no puede servir de consuelo, éste es un problema que afecta, en mayor o menor medida, a la mayoría de sistemas sanitarios occidentales, si bien no pueden soslayarse las especificidades españolas.

Diseñar políticas adecuadas para hacer frente a esta denominada insuficiencia de recursos humanos en los servicios de salud requiere, por una parte, de un diagnóstico más preciso que las simples afirmaciones al uso que no van más allá de la identificación de un déficit cuantitativo y, por otro lado, se hace imprescindible examinar los factores cambiantes que tanto por el lado de la demanda/necesidad como por el de la oferta influyen en las necesidades futuras de profesionales sanitarios en cada una de sus profesiones y especialidades. A ambos aspectos contribuye de forma informada y documentada el artículo de Patricia Barber y Beatriz González.

En Inglaterra, los médicos prefieren otras especialidades a la medicina general y se prefieren también otras profesiones sanitarias antes que enfermería. Al igual que otros países europeos, la oferta de médicos y enfermeras se prevé también en Inglaterra insuficiente para hacer frente a la demanda futura: se necesitarán 62.000 médicos adicionales hasta el 2020 y 108.000 enfermeras1. La capacidad de retención del sistema de salud británico tampoco parece demasiado esperanzadora para hacer frente a la insuficiencia: entre el 15 y el 20% de los médicos ingleses abandonan el Sistema Nacional de Salud (NHS) poco tiempo después de conseguir la especialización.

Sería equivocado, no obstante, tratar de explicar la situación actual cargando las culpas únicamente a la planificación estática de recursos humanos o a la evolución demográfica. Lejos de una situación coyuntural, que se solventaría con medidas de corto plazo, nos encontramos con el resultado de la conjunción de diversas fuerzas estructurales que actúan tanto por el lado de la demanda como de la propia oferta de profesionales.

Desde el lado de la demanda, no resulta desdeñable el crecimiento de la población así como el cambio en la composición de la misma según edad (envejecimiento) y los desplazamientos de la población en el territorio. Sin embargo, la evolución de las tecnologías médicas modifica constantemente las habilidades y conocimientos que se requieren de los profesionales, además de contribuir, por lo general, a aumentar su número.

Desde el lado de la oferta, la elevada feminización del empleo en el sector sanitario contribuye a que sea necesario un mayor número de personas empleadas (preferencias por determinadas especialidades, mayor flexibilidad horaria y trabajo a tiempo parcial), las propias limitaciones de entrada a la profesión médica (numerus clausus poco dinámicos, por ejemplo), la escasa innovación organizativa en la asistencia con roles profesionales poco adaptados a la disponibilidad a corto plazo de profesionales, así como a la tendencia a la reducción en la productividad y en el tiempo efectivo de trabajo

La importancia de los desequilibrios estructurales de los profesionales sanitarios (más de uno y selectivos) resultante de estas fuerzas se hace y se hará sentir probablemente en España a corto plazo con incluso más intensidad que en otros sistemas sanitarios por varias razones.

En primer lugar, el aumento reciente de la población cubierta efectivamente por el Sistema Nacional de Salud se ha producido de forma rápida en un corto período de tiempo, después de bastantes años casi estancada. El patrón de morbilidad es cambiante y evoluciona por la propia afluencia de inmigrantes y por un patrón de morbilidad en el que, con el envejecimiento progresivo y muy notable de la población española en los próximos años, cada vez tienen más peso las enfermedades crónicas. Los currículos de las facultades de medicina y la formación continuada requieren formar profesionales adaptados a los cambios en el patrón de morbilidad.

En segundo lugar, el sistema sanitario español se caracteriza precisamente por una elevada intensidad de uso del tiempo de los médicos en relación con el empleo de otros profesionales sanitarios o incluso de administrativos. Tal como se indica en el artículo de Barber y González, por poner tan sólo un ejemplo cuantitativo, el número de enfermeras por cada médico en España es la mitad que en la media de los países de la Unión Europea, situación que es incluso más aguda en la atención primaria. La evidencia sobre la sustituibilidad de médicos por enfermeras y de enfermeras por otros profesionales es lo suficientemente alentadora como para merecer atención en el diseño de políticas de recursos humanos1.

En tercer lugar, los desequilibrios entre especialidades médicas (elecciones de plazas MIR) y los desequilibrios geográficos están relacionados con limitaciones innecesarias que se ha auto-impuesto la propia gestión pública. La oferta de formación debe tener en cuenta la composición por edades de cada una de las especialidades, los cambios en la demanda y en la tecnología, así como las propias fuerzas del mercado laboral privado. La diferenciación de rentas salariales en la red pública se impone como una medida necesaria para una asignación eficiente de recursos humanos que, lejos de atentar a la equidad, precisamente puede ir en la línea de mejorar la oportunidad de acceso a la atención.

Y, en cuarto lugar, las últimas cifras conocidas sobre evolución de la remuneración media de los asalariados en el sector sanitario indican que, como ha ocurrido de forma general en el sector público español en los últimos años, se ha producido un estancamiento de la misma en términos reales2, o incluso una reducción de más del 10% en Cataluña. Ello no contribuye precisamente a mejorar la capacidad de atracción del sector y resulta, además, en una ligera reducción de la productividad aparente de los empleos en el sector sanitario en España entre 1995 y 2004.

La principal virtud del artículo de Patricia Barber y de Beatriz González que se publica en este número de la revista consiste en caracterizar de forma rigurosa y ponderada los principales desequilibrios estructurales del empleo en el sector sanitario, así como las distintas opciones políticas disponibles, todas ellas con resultados esperables sólo a medio y largo plazo, a la luz de la experiencia en el sistema comparado.

1. Dawson S et al. Engaging with Care. A Vision for the Health and Healthcare Force of England. London: The Nuffield Trust, 2007.

2. Artís J et al. L’aportació del sector sanitari a l’economia catalana. Barcelona: Estudis Caixa Catalunya, 2007.