La excelencia en las profesiones sanitarias

Victoria Camps

COMENTARIO EDITORIAL

Ramón Bayes

Catedrático de Psicología. Profesor Emérito de la Universitat Autònoma de Barcelona.

 

Diego Gracia, en su libro Como arqueros al blanco, subraya que la finalidad de la vida humana no es la búsqueda de lo bueno sino de lo óptimo; al hombre no le es posible conformarse con menos. Todos nos dirigimos hacia un objetivo como la flecha del arquero apunta a su blanco. Tener un blanco constituye la condición del arquero, pero que la flecha lo alcance exige de parte de él conocimiento, entrenamiento y tino. No podemos carecer de blanco, pero no están determinados ni el modo ni los medios para alcanzarlo. Y no sólo no lo están, sino que se trata de una tarea difícil y siempre abierta que depende del conocimiento a fondo de la situación, del análisis minucioso de las circunstancias y de la ponderación de las consecuencias.

Cuando se trata de la salud de las personas, la obligación de los profesionales sanitarios no es prescribir al paciente un tratamiento que no le perjudique o que contenga elementos curadores, sino proponerle el mejor remedio posible y, asimismo, conseguir que se administre de la mejor manera posible. El objetivo de cualquier profesional sanitario siempre es el bien del enfermo.

En el excelente trabajo de Victoria Camps La excelencia en las profesiones sanitarias que aquí les presentamos, la autora nos señala que, aunque este objetivo no se pone en tela de juicio, sí se prestan a discusión la forma de conseguirlo y cómo solventar las posibles contradicciones que pueden surgir en el camino. No suele deliberarse sobre el fin –el bien del enfermo– sino sobre los medios para llegar a él. Los profesionales sanitarios deben tratar a personas individuales con una biografía diferenciada que se encuentran en situaciones singulares; cada caso es único y, por ello -como nos indica la profesora Camps- la aplicación universal automática de unas normas o unos protocolos preestablecidos no es adecuada. La excelencia profesional incluye, además del conocimiento experto y un entrenamiento en buenas habilidades clínicas, una atención especial a la biografía y entorno de cada enfermo concreto, con la posibilidad de desviarse de la norma habitual si el caso lo requiere, pero sólo si lo requiere. Por ello, una buena práctica clínica no se consigue a través de clases teóricas sobre ética, sino a través de un ejercicio profesional que conlleva, cotidianamente, la solución de los problemas y conflictos que implica todo proceso de enfermedad. En otras palabras, para conseguir la excelencia es necesario adquirir la prudencia necesaria para deliberar eficazmente sobre los mejores medios para, en cada caso concreto, alcanzar el fin.

En su documentado trabajo, la profesora Camps nos advierte de los obstáculos que dificultan, e incluso pueden impedir, en nuestra sociedad la consecución de la excelencia en las profesiones sanitarias, así como nos instruye en la necesidad de adquirir las cualidades o virtudes que conducen a dicha excelencia.

Lectura obligada para médicos y enfermeras, así como para otros profesionales de la salud: farmacéuticos, psicólogos de la salud, psiquiatras, trabajadores sociales, etc., La excelencia de las profesiones sanitarias centra la reflexión y el debate en el núcleo duro del quehacer clínico. Como señalaba hace ya muchos años sir William Osler, para alcanzar nuestro objetivo, el mejor bien posible para el enfermo, tanto o más importante es conocer qué paciente tiene la enfermedad como qué enfermedad tiene el paciente.