Epidemias:

¿una historia de ida y vuelta?

Prof. Evelio J.Perea

COMENTARIO EDITORIAL

Prof. Sergio Erill

En su magnífico artículo, el Profesor Perea nos habla de la situación actual de las enfermedades infecciosas, de los factores que influyen en el aumento de las mismas, de las reacciones de las autoridades sanitarias y también, entre otras muchas cosas más, de la sorpresa de algunos ante la constatación de que las epidemias no son sólo accidentes del pasado, sino también amenazas de un presente muy real. Esta reacción ciudadana, que como bien recuerda el autor alcanza incluso a personas bien informadas, lleva a pensar en cuáles pudieron ser las emociones y temores ante las epidemias de un pasado y a preguntarse hasta qué punto es posible encontrar en escritos filosóficos o divulgativos, o incluso en la literatura de ficción, de otras épocas datos que arrojen alguna luz sobre cómo se vivieron aquellas catástrofes.

No hay que buscar mucho para encontrar en los escritos fundacionales de muchas religiones amplias referencias a la naturaleza de castigo divino de las epidemias, y para descubrir cómo rituales y sentimientos de culpa inexorablemente se asocian a esta interpretación. Esta referencia a un ente causal poderoso parece pervivir, de un modo u otro, a lo largo de los tiempos y en el momento actual, en el que la información sin filtro se difunde casi a la velocidad de la luz, no es difícil encontrar, por ejemplo, abundancia de opiniones, noticias y argumentos más o menos descabellados a favor de la teoría de la fabricación en el laboratorio del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), como obra de una deidad menor y, desde luego, terrenal, o simplemente rechazando la naturaleza contagiosa de la enfermedad, adoptando la tradicional actitud de negar lo que se teme.

La literatura de ficción, que a lo largo de siglos se ha revelado un instrumento de primer orden para explorar los aspectos más recónditos de la naturaleza humana, encuentra en los relatos centrados en epidemias un campo extraordinariamente fértil. A este respecto vienen a la mente revisiones como la que realizaron René y Jean Dubos en "The White Plague: Tuberculosis. Man and Society", sobre los aspectos sociales, literarios y científicos de la tuberculosis en el siglo XIX. No obstante, como ha escrito Ana Pastor en un magnífico ensayo sobre un cuento de Marcel Schwob, las epidemias han estado presentes en la literatura desde las desconocidas fiebres con las que el dios Apolo castigara al campamento aqueo al principio de la Ilíada.

Atendiendo sólo a la literatura más reciente, y este término abarca aquí desde el siglo XIX hasta nuestros días, podemos encontrar relatos en los que la negación de lo que es obvio (la naturaleza contagiosa de la tuberculosis para los campesinos de Mallorca) se impone por parte de las mentes educadas (George Sand) o análisis de la reacción del ser humano en una sociedad decadente obsesionada con la enfermedad en su huida de la responsabilidad individual, como nos retrata Thomas Mann en su "Montaña mágica". Curiosamente, si tuviera que elegir un texto en el que la reacción emocional ante una epidemia moderna se presenta de una manera particularmente incisiva, escogería "The Quiet American", una novela de Graham Greene que no tiene nada que ver con las epidemias, pero en la que la angustia de un padre ante una posible poliomielitis de su hijo refleja a la perfección lo que supuso esta enfermedad en los países desarrollados a mediados del siglo XX, y nos recuerda cuán pronto ha sido olvidada, al ser vencida por una vacuna eficaz.

Una atención, siquiera somera, a lo mucho que se ha escrito sobre las epidemias y a lo que cabe aprender de estos textos no puede ignorar la que fue una obra maestra en la forma de contemplar las epidemias como revulsivo moral. En "La Peste", Albert Camus trata de la respuesta colectiva a una epidemia en el siglo XX y a través de las reacciones de los diversos personajes nos habla de la libertad, del amor y de la muerte, de las bases del sentimiento religioso y de la interacción entre los aspectos biológicos, psicológicos y sociales de nuestras vidas. Quizás el mensaje de Camus, de que vale la pena empeñarse en la lucha aunque resulte difícil ver el resultado de nuestro esfuerzo, sea el mejor final para esta corta reflexión. Al leer el texto del Profesor Perea y sus referencias a las enfermedades infecciosas emergentes y re-emergentes tomamos conciencia, como el personaje de La Peste, de que las epidemias acechan siempre y de que, un día u otro, pueden aparecer y trastornar nuestras vidas. Ello nos obliga tanto a perseverar en el conocimiento médico como a responder con la dignidad y empatía que nos otorga nuestra condición humana.