El impacto del envejecimiento poblacional

en los profesionales sanitarios

Antoni Salvà y Joan Carles Rovira

RESUMEN

El sistema sanitario se enfrenta en los principales países desarrollados a cambios muy importantes que tienen entre sus principales causas la evolución tecnológica y el envejecimiento de la población. Este último, además, es, junto con el fenómeno migratorio, el hecho social más relevante del principio del siglo XXI. El envejecimiento plantea nuevos retos, especialmente en relación con los profesionales de la salud que han recibido una formación poco adaptada a los nuevos conocimientos en relación a las necesidades y particularidades de las personas mayores. Nuevas, o no tan nuevas, especialidades como la Geriatría que cobran relevancia. Nuevos roles, especialmente para la enfermería, y mayor papel de los otros profesionales de la salud como fisioterapeutas o terapeutas ocupacionales.

El objetivo de este artículo es reflexionar sobre el impacto del envejecimiento de la población en las profesiones y los profesionales de la salud.

Según el censo de población de 2001, el 17,01% de la población tenía 65 o más años. Según el mismo censo, el porcentaje de personas entre 0 y 14 años y entre 15 y 64 era del 14,52 y del 68,44, respectivamente.

La salud subjetiva declina con la edad, pero este decremento es más importante en los mayores de 75 años que en los de 65 a 75 años. Según los datos de la Encuesta Nacional de Salud del año 2003, en el grupo de edad de 60-64 años el porcentaje de personas con un estado de salud autopercibido bueno o muy bueno era del 51,2% y entre los de 65-69 años del 46,3%. Se encuentran diferencias poco importantes en la prevalencia del buen estado de salud autopercibido entre la población de 75-79 años (36,3%) y aquella que tiene 80 y más años (36,0%). Los hombres muestran una autopercepción de su estado de salud significativamente mejor que las mujeres.

La formación, especialmente de los médicos, está orientada al diagnóstico y a la resolución de los problemas agudos, olvidando a menudo el manejo de los aspectos más crónicos de la enfermedad o de las consecuencias que de ella se derivan como el dolor, el delirio o la discapacidad. Los problemas propios de las personas mayores, como las caídas o las demencias, a veces de difícil manejo, son poco o sólo parcialmente conocidas por los profesionales no especializados en Geriatría.

El envejecimiento de la población ha provocado una mayor demanda de uso de servicios, con una mayor necesidad de recursos humanos. Este aumento de necesidades afecta a muchos profesionales dada la complejidad y variedad de servicios que las personas mayores utilizan. Este crecimiento de la demanda de profesionales exige una adecuada oferta de los mismos que no siempre está garantizada.

La especialización médica ha sido fundamental en la mejora del sistema sanitario y la formación de médicos residentes, a pesar de sus desigualdades, la mejor baza para la mejora del sistema en las últimas dos décadas. Sin embargo, al mismo tiempo, la especialización ha provocado una segmentación de los profesionales y en ocasiones un cierto corporativismo “de especialidad”. La idea de la especialización ha disminuido el valor de la polivalencia que representan algunas especialidades generalitas como la medicina de familia, la propia medicina interna o en cierta medida la especialidad de geriatría. Al mismo tiempo que en la formación especializada en geriatría hay que insistir en la formación básica en geriatría para todos los médicos en el pregrado y, sea cual sea el modelo final, en la formación de todas las especialidades médicas.

En el cuidado del paciente geriátrico la enfermería desempeña un papel muy relevante. Su rol es muy importante en todos los niveles asistenciales (cuidados agudos o atención ambulatoria) y en los aspectos preventivos, pero es determinante en los cuidados de larga duración tanto a domicilio como en el medio institucional, y es en este colectivo donde descansa la garantía de los cuidados continuados.