La relación médico paciente en un mundo cambiante

Francesc Borrell i Carrió

RESUMEN

La relación asistencial tiene dos componentes siempre presentes, el humano y el técnico. Estos componentes se entrelazan con mayor o menor importancia, pero cualquier análisis que ignore uno de los polos deberá considerarse reduccionista.

En el aspecto humano, médico y paciente tratan de comunicarse y trenzar una relación de ayuda. Un médico en etapa de aprendizaje deberá calibrar su cordialidad y empatía, y labrarse unos hábitos de asertividad que en efecto estén respaldados por una manera segura de trabajar. El médico con años de ejercicio profesional deberá cuidar la paciencia, sin la cual no existe empatía, y de manera más general revisar periódicamente el afrontamiento que realiza del sufrimiento humano. Estos aspectos cobran inusitada importancia cuando trabaja en entornos de mucha presión asistencial. En dichos entornos un observador ingenuo dictaminaría un uso paternalista de la relación, cuando en realidad existe una actitud profundamente centrada en el paciente. Un peligro de la falta de tiempo en la consulta es coger hábitos de trabajo que perjudiquen una integración biopsicosocial del paciente, y deslicen al profesional hacia el burn out. Una buena gestión del tiempo supone también una buena gestión del esfuerzo, y ambos aspectos se relacionan con la competencia emocional. Distinguimos el modo emocional natural, básico y avanzado. El médico que tiene un modo emocional avanzado estará -entre otras cosas- atento a reconducir respuestas inapropiadas derivadas de su carácter, cultivará su paciencia como expresión superior del esfuerzo, y se mostrará proactivo con los pacientes a los que cae (o le caen) mal, tratando de mantenerse “en flujo emocional positivo”.

El paciente, por su lado, trata de ocupar un lugar en la atención y preocupación del médico, y le gustaría saber “quién es quién” en el equipo o los profesionales que le tratan. También desea que le “acierten” en el diagnóstico y tratamiento, y que se le informe y le proporcionen seguridades.

En el aspecto técnico describimos el modelo emotivo-racional de acto clínico. Este modelo prioriza la tensión psicológica que experimenta el médico en la fase de establecer el diagnóstico. Evitar esta tensión psicológica puede conducir al médico a aceptar de manera apresurada diagnósticos erróneos (“primeras hipótesis”). Influyen en ello los factores restrictivos de sus capacidades emocionales y cognitivas. Estos factores restrictivos -de tipo interno y externo- reducen su tolerancia a la incertidumbre y precipitan conductas destinadas a cerrar la entrevista.

Finalmente, analizamos el papel del equipo en la creación de valores grupales que influyen decisivamente sobre la relación asistencial. Los consensos grupales establecen definiciones de lo que debe considerarse un “buen paciente”. Puede que un Servicio de Medicina Interna lo defina como “paciente interesante” y un Servicio Quirúrgico como “buen sufridor”. Lo cierto es que el médico residente tendrá que demostrar que asimila y acepta los valores y las conductas de este grupo, la definición de “buen paciente”, y la manera de comportarse “asertiva”, si quiere ser tomado en cuenta, todo lo cual supone una primera imprimación que no siempre resulta positiva para su desarrollo futuro.

Estos consensos de equipo a su vez se ven influidos por las políticas institucionales. Nuestras instituciones son sistemas simbólicos que operan en cascada, de arriba hacia abajo, y pocas veces en sentido ascendente. Este mismo efecto en cascada lleva al profesional asistencial a tratar al paciente de forma parecida a como la empresa le trata a él, una afirmación que de todas maneras procederemos a matizar.

La relación asistencial no se efectúa meramente sobre el plano del pensamiento científico, sino que se ve cruzado constantemente por ansiedades, preguntas y profecías que arrancan del pensamiento mágico. La respuesta a tales inquietudes sólo puede efectuarse igualmente en el terreno de las suposiciones, hipótesis y fantasías nacidas del pensamiento mágico. Eso es lo que ocurre tanto a nivel de nuestros pacientes, como en el diálogo entre Medicina y Sociedad. De aquí nace una responsabilidad ética, a saber, recordar a la sociedad, y a nuestros pacientes, los límites de la ciencia y de nuestra condición humana.