El hecho migratorio y la vulnerabilidad
del sistema sanitario en España
Josep M. Comelles y Mariola Bernal
![]()
|
RESUMEN |
|
El fenómeno de las migraciones masivas no es nuevo ni en Cataluña ni en España. Diversos procesos migratorios seculares hacia el extranjero o dentro del país constituyeron el proletariado en España, sin que nunca se pusieran en relación las migraciones con las políticas de salud. Además, la particularidad de la cultura política europea llevó a que las migraciones nunca fuesen consideradas en términos étnico-culturales, aunque apelativos como xarnego, murciano o maqueto reflejaran algo más que la fuerte diversidad lingüística, étnica o cultural de la Península. España, sin colonias y país de emigración, ni sabe comprender su diversidad cultural interna, ni sabe ahora gestionar la que viene de fuera. Tan conflictiva, ideológicamente hablando, es la cuestión que no ha habido, ni lo hay ahora, un debate sobre qué modelo va a seguirse -multiculturalismo o integración-, no sólo a escala del Estado, sino también de las diecisiete Comunidades Autónomas. Éstas y los ayuntamientos, que proveen y financian sanidad, educación y servicios sociales, se enfrentan a las dificultades generadas por la desigual distribución de una población inmigrante, y por tanto de una demanda de servicios, cuya financiación no está siendo corregida por un Estado en el cual sus responsables políticos siguen ocupados en hacer demagogia electoral con las listas de espera. La explosión demográfica que supone la inmigración exige, ya con urgencia, resolver bastantes de los problemas que algunos señalaron décadas antes, pero ante los cuales el sector salud y sus profesionales mayoritariamente se hicieron el ciego o el sordo, o escondieron la cabeza bajo el ala. La oleada migratoria no prevista ha supuesto para los profesionales de la salud que están en las Administraciones y para muchos clínicos, que la sociedad y la cultura existen, aunque los planes de estudio de las facultades de medicina -menos los de enfermería- se empeñen en lo contrario. La inmensa mayoría de países confrontados con la inmigración sabían que era necesario revisar la formación de los profesionales de la salud incorporando en los curriculums las ciencias sociosanitarias -esencialmente la sociología y la antropología médicas-, desde los años sesenta del pasado siglo. La rigidez del modelo universitario y de las resistencias corporativas y académicas en nuestro país permanecen al margen de ese proceso por la persistencia de un modelo obsoleto de Humanidades Médicas sin posibilidades reales de aplicación y por el lento desarrollo de las Ciencias sociosanitarias desde instituciones que no son facultades de medicina. Ante mucha de la patología biomédica, la biomedicina ha aspirado a alcanzar la máxima eficiencia diagnóstica, pronóstica y terapéutica, depurando la clínica y el laboratorio de cuantas variables fuesen accesorias a esos tres actos, como las variables sociales y culturales, incómodas por la ausencia de instrumentos analíticos e interpretativos de las mismas en el edificio teórico de la biomedicina. Sin embargo, la anulación completa de la capacidad interactiva y de la intersubjetividad entre el profesional y el entorno -el paciente, su red social, la propia institución, los otros profesionales- no se cumplen casi nunca. Algunas características idiosincrásicas de la cultura del “seguro” español, y especialmente la hegemonía del fármaco como panacea para todos los males, han podido hasta hace unos años reducir la comprensión del contexto sociocultural a unos mínimos, pero las migraciones han significado una relativa ruptura en ese patrón cultural. Ante esta situación, los profesionales han de asumir la diversidad cultural y social, es decir, gestionar las complicaciones en la comunicación y en el soporte a los pacientes, dificultades en el seguimiento, y han de adecuarse a pautas culturales para ellos sin significado y que rompen con los estereotipos y los idioms culturales más frecuentes en las consultas con los pacientes de aquí. Para ello lo “cultural” y lo “social” en el modelo y la práctica médicas actuales no pueden seguir contemplándose a partir de taxonomías culturales, sino como procesos permanentes de construcción y reconstrucción de significados en un mundo sometido a una dialéctica entre influencias culturales locales o globales. |